21 Ago 2019

El Narcisismo: La enfermedad más contagiosa del siglo XXI

Autor: Vartan Indjeian Souza

  • Yo me contagié cuando tenía alrededor de los 7 años de edad, aunque el diagnóstico oficial me lo dieron ¡cuando tenía ya 29 años! Hoy llevo 18 años en tratamiento semanal… ¿Y tú estás seguro de no estar contagiado?

¿Cómo es que podemos estar contagiados sin darnos cuenta? Para responder a esta pregunta, definiremos primero el concepto de Narcisismo para separarlo de lo que popularmente confunden y sobre simplifican con vanidad u orgullo.

Narcisimo:el narcisismo se gesta debido a la falta de amor auténtico, que los padres no han sabido dar y que han tratado de compensar encontrando en el niño algún talento excepcional. La auto-percepción de grandeza es, para Kerngerg, una adaptación que sirve para ocultar un sí mismo inadecuado y defectuoso, una ira oral, y una agresividad dirigida originariamente contra unos progenitores incapaces de ofrecer amor incondicional. 

Desde la Gestalt, Yontef  propone que el narcisista no fue visto en sus necesidades afectivas cuando era niño,  lejos de eso, fueron utilizados al servicio de las necesidades de sus padres, los cuales, no les consideraron como personas individuales con sus verdaderas necesidades valoradas. El niño que ha sufrido esta falta de empatía vive subjetivamente de imágenes grandiosas e idealizadas para protegerse de la angustia. (1)

Según la Gestalt la percepción exagerada de auto-importancia que presentan estas personas, es un signo que debe hacernos sospechar la existencia de una polaridad contraria no explorada, que además, supone una defensa para evitar los profundos sentimientos de minusvalía personal. (2)

Es importante comprender los factores que causan un dolor tan profundo en la psique del niño o niña narcisista para necesitar sobrevivir a partir de negar, reprimir, cancelar y bloquear su verdadero Self, ya que el mensaje que recibió fue: “no está bien ser como eres”, “si haces lo que te pido si te voy a querer”, “tienes que ser como yo”, “tienes que ser el número 1 para ser valioso”, estos y otros muchos mensajes como los anteriormente descritos, hacen que el infante vaya construyendo un Yo alterno, es decir; una autoimagen idealizada para poder evitar el rechazo y poder adaptarse a lo que interpreta que sus padres y el mundo le están pidiendo para poder ser amado.

Entonces, si nos sobre identificamos con esta imagen idealizada de nosotros mismos, que es la que nos ayuda a sobrevivir ante el dolor y el rechazo de quienes somos, llega un momento en el desarrollo de nuestra infancia en el que terminamos por convencernos de que ¡nosotros somos esa imagen! Y pasamos el resto de la vida poniendo toda nuestra energía, tiempo y atención a sostener esta identidad grandiosa para sentir que valemos un poco. Encima de todo esto, vivimos en un sistema que nos bombardea con mensajes que alientan este comportamiento para sentir que pertencemos a un grupo, llámese, familia, trabajo, sociedad, o culaquier otro círculo.

Mensajes como “just Do it”, “Lo importante no es ganar, es lo único”, “El segundo lugar es el primer perdedor”, “Totalmente Palacio”, “Échale ganas, no estés triste”, “No llores, eres un hombre”, “Las niñas bonitas no se enojan”, “Si no te cuesta, no vale”, son algunos ejemplos que van metiéndose en lo más profundo de nuestra psique y terminamos por hacerlos propios (introyectos). Desde estos introyectos

que vamos construyendo y tomando como nuestra verdad y realidad, nos vamos deshumanizando cada vez más, para poder cumplir con estas y otras expectativas es indispensable poner nuestras necesidades reales a un lado, o peor aún, negarlas y crear necesidades neuróticas que van persiguiendo esta “zanahoria” imposible de alcanzar.

  • Cuando yo trabajaba en publicidad, podía tener jornadas de 12 a 15 horas diarias en las que me “sentía” motivado a lograr mis objetivos para obtener mis recompensas: dinero, éxito, cosas materiales que ayudaran a reforzar mi imagen y sentirme valioso y aceptado… así estuve 6 años vendiéndome al mejor postor hasta que mi arrogancia me hizo renunciar para buscar algo “mejor” esperando encontrarlo en un mes, el mes se convirtió en un año el cual me llevó a una depresión y a una de las mejores lecciones que la vida me ha dado…
  • Me di cuenta de que cuando me quedé sin éxito, ropa de marca, dinero y demás accesorios, mi autoestima se fue al mismo tiempo que todo lo anterior. Yo me había convertido en un “don nadie”, en la persona más mediocre del planeta, ¡no valía nada! Esta situación hizo una grieta en mi arrogancia y me obligué a pedir ayuda psicológica; uno de los primeros hallazgos que tuve (después de varios meses) fue que la aceptación no podía venir de afuera, tenía que aprender a limpiar mi contaminada mirada para aprender a verme, conocerme y poder aceptarme a mí mismo para poder reconocerme…
  • Reconocerme ha implicado verme por lo que soy y no por lo que me gustaría ser, es decir; ver mi sombra, mis limitaciones, mi ignorancia, mi parte infantil e inmadura; ir poco a poco poniéndole otra graduación a mi mirada para poder conocer mis puntos ciegos, y de esta manera poderme integrar como persona, como un ser humano imperfecto e ir dejando a la “máquina perfecta” en pausa, para poder identificar y conectar con mis necesidades reales y poder satisfacerlas en lugar de seguir como esclavo del sistema.

Cuando hablamos de sobre identificarnos con esta imagen grandiosa que construímos, lo que significa es que nos vamos cosificando (viéndonos como cosas en lugar de como personas) y por lo mismo, tratando a los demás como cosas para ser utilizadas. El narcisista desde este punto de vista carece de empatía y utiliza a los otros para reforzar su Yo idealizado. Entonces el mundo, las personas, la naturaleza se vuelven objetos para ser usados y se pierde la sensibilidad y la consciencia, comenzamos a tirar basura (alguien más la levantará), desperdiciamos el agua y los recursos naturales (mientras yo me satisfaga, los demás no importan), hacemos chistes de las tragedias (eso no me va a pasar a mí), y muchos otros ejemplos que nos van llevando rápidamente a la destrucción.

Las redes sociales son un fenómeno que ejemplifica esta idea en su máxima representación, implicando una exposición de esta imagen idealizada a través de las selfies, de las fotos de los maravillosos viajes, de la pareja perfecta, y demás escenarios en donde se presume de la “perfección” de sus vidas.

Ávidos de ser vistos, reconocidos y de la sensación de pertenecencia, los narcisistas están adictos a la suma de “likes”, “followers”, “friends” y ponen su valía dependiendo de la respuesta que obtienen en este mundo virtual para poder sostener y alimentar esta imagen falsa de sí mismos.  Aquí la palabra clave es “falsa”.

Lepold Bellak, un destacado psiquiatra, psicólogo y psicoanalista, realiza el siguiente diagnóstico clínico del estado psicológico de la sociedad moderna: “si estar loco significa pasarlo mal para adaptarse al mundo tal como es, entonces la sociedad está loca”. (L. Bellak, Overload, pág. 23). ¿Qué quiere decir con esto? La sociedad y el sistema en el que vivimos nos está exigiendo convertirnos en máquinas al servicio de la imagen para poder sentir que pertenecemos. En la antigüedad, en múltiples culturas y religiones el peor castigo que exisitía para aquellos que cometían una falta grave era el destierro o la excomunión, es decir, la no pertenencia. El narcisista está fuertemente atado a la mirada exterior para sentirse valorado.

Hoy en día cada vez más personas e instituciones se van contagiando de esta grave e insensible enfermedad tan difícil de detectar porque está cada vez más aceptada y aplaudida, sistemas escolares, religiones, gobiernos, empresas y hasta los “hospitales” que tratan esta enfermedad se han expuesto y contaminado a tan grave enfermedad. Podemos observar cómo van surgiendo nuevas corrientes “psicoterapéuticas” que se van mimetizando con el narcisimo y van vendiendo fómulas instantáneas, procesos basados en el cumplimiento de metas y objetivos (exaltando el narcisismo), unas que venden la solución de los “problemas” o crisis en unas pocas sesiones, y otras, de las más exitosas las que prometen que viendo nuestra “luz” (sólo nuestros aspectos positivos, o imagen idealizada), tendremos acceso a la abundancia del universo, es decir; pensamiento mágico.

Estas nuevas corrientes están siendo muy exitosas ya que evitan que el narcisista toque el enorme vacío que hay entre su falso Self y su verdadero Self lo que lleva a una experiencia aterradora pero inevitable para poder hacer contacto con quienes realmente somos, por el contrario, van alimentando la grandiosidad de la imagen falsa, lo cual lleva a ir anestesiando cada vez más la consciencia y la empatía. Tenemos que hacer el esfuerzo con todo el valor que tenemos para ir a ese lugar que nos dijeron que estaba mal, nuestro Self y aprender a vernos con todos nuestros aspectos; los que nos gustan y los que no, también para podernos integrar y aceptar con todo lo que somos.

“El día que dejes de intentar ser todo lo que te gustaría ser, podrás empezar a Ser todo lo que ya eres”. (Eva Pierrakos, Vivir Sin Máscaras).

El narcisismo nos está volviendo más frágiles, más infantiles, más superficiales, con menos capacidad para mirar adentro y poder ver la realidad más completa. Nos amputa la posibilidad de amar y crecer para convertirnos en adultos responsables, por eso hoy las relaciones de pareja son desechables, no estamos dispuestos al compromiso, a hacer un esfuerzo de permanecer en una relación en donde existe la imperfección y el dolor, se diluye el enamoramiento y se evapora la emoción y exitación que hacía quedarnos, nos volvemos adictos a la adrenalina, a la gratificación instantánea, nos quedamos como máquinas consumidoras de placer.

El incremento del narcisimo está provocando más ataques de angustia y pánico, ya que la autoestima la estamos depositando en la mirada de los demás, que al ser también narcisistas, no pueden vernos como personas, sino como cosas que sirven para alimentar más su propia imagen idealizada, es por esto que el narcisismo se está propagando cada vez más. En Estados Unidos el número de narcisistas se equipara al porcentaje de obesidad en el mismo país que es de un 30%. Los números son verdaderamente alarmantes, si no hacemos algo para quitarnos la anestesia y despertar, vamos a terminar de destruir lo poco que nos queda de humanidad.

Como mi terapeuta (Paco Ramos) dice: “Somo neuróticos, pero no pendejos”, tenemos que darnos cuenta de que este mecanismo de defensa nos sirvió en la infancia para sobrevivir (neurosis), pero ya es hora de darnos cuenta de que nuestro contexto, nuestras herramientas y nuestra realidad han cambiado, necesitamos aprender a vernos, tocarnos y conectarnos con nosotros mismos para ir recuperando nuestra humanidad y convertirnos en personas capaces de vincularnos desde la empatía y aceptación.

Si tú tienes algunos de estos síntomas es hora de hacer una pausa y hacer algo al respecto… Yo lo hice hace 18 años y comencé a vivir en lugar de a sobrevivir, ¡es toda una experiencia!

Fuentes de Consulta:

  • Perls, Fritz. (2011). Fundamentos de la terapia Gestalt. España: PAX México.
  • Antena3 television, A. P. (2018a, 8 diciembre). La epidemia del narcisismo ya es similar a la obesidad en Estados Unidos. Recuperado 29 enero, 2019, de https://www.antena3.com/noticias/sociedad/epidemia-narcisismo-obesidad-estado-unidos-video_201812085c0c2bbb0cf2d96fe2fea354.html
  • Sam Vaknin, S. V. (2019, 15 enero). Narcissism: The New Normal? (Mental Health Speak Show)[Archivo de vídeo]. Recuperado 29 enero, 2019, de https://www.youtube.com/watch?v=5Ibu59P472A
  • MedCircle. (2019, 18 enero). The 7 Signs of Narcissism & How to Spot Them[Archivo de vídeo ]. Recuperado 30 enero, 2019, de https://www.youtube.com/watch?v=2iqNomNMJ8A
  • Lowen, Alexander. (2000). El Narcisismo. Barcelona, España: Paidós.
  • Heinz, Kohut. (2016). Formas y transformaciones del narcisismo. Revista de psicoanálisis, 76, 67-95.
  • Vaknin, Sam. (1995). Malignant Self Love: Narcissism Revisited. Czech Republic: Narcissus Publications.
  • Ramiro, Infantas. (2017). Narcisistas. Defiéndete y sobrevive en la era del egocentrismo. Revista de Psicología Universidad de Lima, 21, 125-130.